Selección, no nos defraudes más
En una ocasión, Bora Milutinovic, ex seleccionador de Honduras y con el récord de haber dirigido en cinco mundiales de fútbol, me decía en una plática que tuvimos en México que él ha triunfado en la vida gracias a que tiene una plabra clave que lo inspira: actitud. Al ver anoche unas tomas del juego de Honduras contra Estados Unidos y recordar los anteriores de esta fase final, me doy cuenta de a la Selección precisamente le falta eso, actitud. Todos los adversarios nos superan en ganas, en orgullo por defender la camisa de su país, en la disputa por el balón.
Creo que la garra catracha que nos caracterizó ya no existe y no nos dimos ni cuenta cuando murió. Es hora de recuperarla, pero si los jugadores no les duelen los malos resultados, es imposible. Siento mucho pesar al ver tanta afición desilusionada o deprimida por las derrotas de la Selección. Los futbolistas le han fallado a la que les ha sido fiel, a la que deja de comer por irlos a apoyar. Si del público dependieran los resultados en el fútbol, Honduras siempre ganaría por goleada y sería líder en esta eliminatoria. Asistiríamos a todos los mundiales. Ésta es la mejor afición y su nobleza se le paga con decepciones. No la defrauden más, no se merece otro final infeliz. Escuché a Ramón Núñez cuando hablaba del jugador número 12 y prometió que aquí se harán sentir hoy en el partido contra El Salvador. Ojalá todos sus compañeros piensen así. Estar en la Selección debe ser motivo de orgullo, pero los futbolistas también deben rendir cuentas.
Pero en este momento la realidad es que Honduras está en el cuarto lugar de la eliminatoria. Si la competencia terminara hoy, no clasificaríamos ni siquiera al repechaje. Hasta ahora lo que ha hecho la Selección es una vergüenza y los jugadores deben dar la cara obteniendo un resultado positivo para enderezar el rumbo hacia el Mundial de Sudáfrica. No quiero pensar que porque algunos tienen muchos dólares, que se los han ganado muy bien, ya no tengan el deseo de estar en el Mundial.
No he perdido la confianza en la Selección. Quizás soy quien más cree que se clasificará al Mundial, pero es hora de que los futbolistas, que son los que juegan, asuman el compromiso con seriedad y responsabilidad. El que no esté dispuesto a cambiar la historia de este mal momento que levante la mano y se haga a un lado. No lo vamos a calificar de rata porque que abandonó el barco, sino que aplaudiremos su honestidad. Otro factor negativo es que a las concentraciones de la Bicolor llegan representantes o contratistas a negociar con los jugadores como Pedro por su casa. El técnico Reinaldo Rueda tiene que amarrarse los pantalones y expulsarlos a todos, ya sean del Wigan o de cualquier equipo.
Es muy complicado pedirle a otro que imite a alguien, pero en este momento los jugadores catrachos deben tomar como ejemplo la fórmula de sus colegas salvadoreños, quienes, conscientes de las limitaciones, han apelado a jugar con el corazón, sin temor al adversario más pintado. Así vencieron a México, así pusieron de rodillas a Estados Unidos y están en tercer lugar. Aclaro que no pido que se juegue como potencia. Este fútbol es pobre. Lo dicen los 27 años que tenemos de no ir al Mundial, pero queremos ver entrega en la cancha.
Se supone que Honduras debe tener nivel superior al equipo salvadoreño, pero la realidad es otra. O sea que son mejores que selecciones como la de Honduras, que alardea de tener a varios jugadores en Europa. No quiero pensar que éstos se entregan más a sus equipos que a la Selección. Lógicamente, también hay que defender a los jugadores. No es posible que por ahorrarse unos dólares la Selección tenga que regresar de Chicago a las doce de la noche. Ese trato no se lo merecen los deportistas.
Honduras, dirigida por el entrenador colombiano, tiene la presión de superar a El Salvador, si no, casi le estaríamos diciendo adiós a otro mundial. Por ahora sólo quiero pensar que hoy ganaremos con solvencia. No lo digo con soberbia; lo expreso porque es mi deseo y porque es hora de que los jugadores y el cuerpo técnico nos hagan recobrar la ilusión.
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